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jueves, junio 15, 2006

COBIJA PARA DOS


No pasaban de las ocho de la noche cuando escuché que tocaban a la puerta, con un poco de timidez, como queriendo o no llamar la atención. Para mi sorpresa era el abuelo, a quien tenía algunos meses de no ver, él fue siempre bueno con nosotros; mis hermanas y yo, recibíamos alguna sorpresa cada vez que lo veíamos: Un dulce, un juguete o al menos un afectuoso abrazo y un sonoro beso. Yo no comprendía por qué papá, con él especialmente, se mostraba distanciado; lo que pasó con ellos en el pasado nunca lo supe, o más bien no lo entendía, pues al fin y al cabo era su padre y sin él no hubiera existido. De inmediato abrí la puerta:


-Buenas noches abuelo, ¡qué bueno que nos visitas!
Me atrajo hacia él y me dio un cálido abrazo.
-¿Está tu papá? —preguntó.
- En un momento lo llamo.
Lo encontré en la cocina. Y sin querer queriendo escuché su conversación, que en alguna forma transformó para siempre mi vida, y creo que también la de mi padre
· ¿Qué deseas?
Exclamó un poco hosco papá.
- Hijo, me ha ido muy mal y he perdido la casa, hoy me han echado, y no tengo a donde ir, quisiera pedirte me hospedaras por un tiempo, mientras resuelvo la situación, no tengo ni para un miserable hotel.
· Papá, tú sabes que esto me ocasiona graves contratiempos, tú conoces bien como piensa mi mujer: El muerto y el arrimado apesta a los tres días. Y el casado casa quiere, y no quiere intromisión alguna.
- Bueno hijo, entiendo, pero si al menos me dieras un pequeño espacio en la habitación de mi nieto, te prometo no crear ningún problema, además él y yo nos llevamos bastante bien.
· Papá, —una vez más replicó— él es un joven adolescente de 17 años y necesita su autonomía, lo siento de verdad, pero no hay nada que hacer.
El abuelo titubeando y con voz temblorosa, casi por romper al llanto suplicó:
- ¿No habrá acaso algún rincón en que pueda pasar solamente esta noche?
· Bueno, si tal es tu urgencia, puedes quedarte en el patio de atrás, pero, -enfatizó con autoridad- que sea solamente por esta ocasión.


Papá me llamó y me ordenó furioso.
· Baja de inmediato una cobija o una manta y dásela a tu abuelo, pues se quedará a dormir en el patio trasero, y date prisa, pues estoy muy cansado con tantos problemas y agrégale uno más.
Y meneó la cabeza fastidiado señalando al abuelo.
Pasaron unos diez minutos cuando papá entró a mi habitación, hecho una furia, reclamando mi atraso, pero sorprendido por lo que estaba haciendo, exclamó:
· Me puedes explicar qué carajo estás haciendo, ¿por qué cortas en dos la cobija que te pedí?


Y simplemente le contesté:
- Una mitad es para el abuelo y la otra la voy a conservar un tiempo para cuando me vengas a pedir lo mismo.

miércoles, junio 14, 2006

MI PADRE


El día que me veas mayor y ya no sea yo, ten paciencia e intenta enterderme Cuando, comiendo, me ensucie; Cuando no pueda vestirme: ten paciencia. Recuerda las horas que pasé enseñándotelo. Si, cuando hablo contigo, repito las mismas cosas, mil y una veces, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño, a la hora de dormir, te tuve que explicar mil y una veces el mismo cuento hasta que te entraba el sueño. No me avergüences cuando no quiera ducharme, ni me riñas. Recuerda cuando tenía que perseguirte y las mil excusas que inventaba para que quisieras bañarte.

Cuando veas mi ignorancia sobre las nuevas tecnologías, te pido que me des el tiempo necesario y no me mires con tu sonrisa burlona.. Te enseñé a hacer tantas cosas... Comer bien, vestirte... Y como afrontar la vida. Muchas cosas son producto del esfuerzo y la perseverancia de los dos. Cuando en algún momento pierda la memoria o el hilo de nuestra conversación, dame el tiempo necesario para recordar. Y si no puedo hacerlo, no te pongas nervioso, seguramente lo más importante no era mi conversación y lo único que quería era estar contigo y que me escucharas.

Si alguna vez no quiero comer, no me obligues. Conozco bien cuando lo necesito y cuando no. Cuando mis piernas cansadas no me dejen caminar... ...dame tu mano amiga de la misma manera en que yo lo hice cuando tu diste tus primeros pasos. Y cuando algún día te diga que ya no quiero vivir, que quiero morir, no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene nada que ver contigo, ni con tu amor, ni con el mío. Intenta entender que a mi edad ya no se vive, sino que se sobrevive. Algún día descubrirás que, pese a mis errores, siempre quise lo mejor para ti y que intenté preparar el camino que tu debías hacer. No debes sentirte triste, enfadado o impotente por verme de esta manera. Debes estar a mi lado, intenta comprenderme y ayúdame como yo lo hice cuando tú empezaste a vivir.

Ahora te toca a ti acompañarme en mi duro caminar. Ayúdame a acabar mi camino, con amor y paciencia. Yo te pagaré con una sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido. Te Quiero Hijo,.... Tu Padre.


Si deseas la versión Power Point de la presente lectura, contactate con erickhuertas@peru.com